Los
cereales y legumbres forman parte de nuestra alimentación desde el inicio de las civilizaciones. Llamamos
cereales a las semillas de las plantas de la familia de las poáceas o gramíneas. La
lista de cereales es muy amplia. Estos granos pueden clasificarse en dos
tipos: cereales mayores (trigo, arroz, maíz, cebada y centeno) y cereales menores (sorgo, mijo teff, tricicale y alpiste). También podemos clasificarlos en
cereales con gluten (trigo, espelta, trigo khorasan, centeno, cebada y avena) o
cereales sin gluten (maíz, arroz, mijo, o teff). También podemos agrupar junto a los cereales otras
semillas como la quinoa, el amaranto, el trigo sarraceno, son lo que conocemos como pseudocereales. De los cereales obtenemos diferentes derivados, como las
harinas, con las que se elabora el
pan y otros alimentos, o los
cereales para desayuno, hinchados o en copos.
Es especialmente recomendable el consumo de
cereales integrales y
sin azúcar. Los cereales poseen importantes
propiedades nutricionales y son, aunque en menor medida que las
legumbres, fuente de proteínas vegetales, ya que contienen aminoácidos esenciales. Es un alimento rico en hidratos de carbono complejos, es decir de absorción lenta. Los
cereales integrales contienen gran cantidad de fibra y son muy bajos en grasas. Además, los cereales contienen cantidades considerables de minerales y vitaminas.
Los
cereales son un alimento importante para la alimentación de nuestro
bebé. Podemos suministrar los
cereales en forma de
papillas,
cereales para desayuno infantiles,
galletas, etc... Teniendo en cuenta las recomendaciones de instituciones como la
Asociación Española de Pediatría, se deben introducir los
cereales con gluten progresivamente en la dieta del
bebé a partir de los 7 meses.